¿Cómo debe ser la relación del jefe con sus empleados?

Te diremos que las relaciones de todos los empleados de una empresa, deben ser de la mejor calidad, pero sobre todo, te diremos cómo debe ser la relación del jefe con sus empleados, pues aquí en este aspecto se deben analizar muchos bemoles que caracterizan a este tipo de relaciones para que no sean ni muy muy, ni tan tan. Queremos decirte con esto, que si bien, se deben llevar con armonía, con cariño y bastante flexibilidad para que la persona se sienta a gusto, también se debe guardar las distancias.

El jefe debe ser una persona ecuánime, permitir que los empleados se le acerquen para contarles sus inquietudes, dejarlos que expresen sus opiniones que pudieran ser de mucho valor, hacer sugerencias y darles cabida a sus ideas, en caso de que sean descabelladas, hacerles saber el por qué.

No ridiculizarlos ni descartar una opinión por que sí y punto, cuando se actúa de esta manera nunca aprenderá. Se les debe tratar con todo el respeto que cualquier ser humano merece y no menospreciar nada que venga de ellos.

Pero también los jefes deben darse su puesto y mantener las distancias que deben existir entre patrono y obrero, se debe exigir el trato respetuoso de “señor” “don” o “doctor”.

No le digas nunca a un subordinado que te trate de tu, es decir que te tutee, algunos saben apreciar este gesto y lo reservan solo para cuando están en privado, otros por el contrario, toman el rábano por las hojas y el día menos pensado te hacen pasar un gran sofoco.

¿Qué sucede cuando entre el jefe y una empleada surge una relación sentimental?

Estas cosas suelen suceder con mucha frecuencia, y en muchos de los casos, pueden terminar hasta en una boda. Todo está muy bonito mientras este cuento de cenicientas, no involucre a terceras personas, o a familias que terminen destruidas.

Muchos jefes tienen la pésima costumbre de pensar que sus empleadas, estarán dispuestas a irse a la cama con ellos solo por escalar posición dentro de la empresa. En realidad no están tan equivocados, la necesidad obliga, y en muchos casos estas situaciones se presentan y es allí donde vienen los verdaderos problemas graves.

Estos señorones, casi siempre suelen salirse con las suyas, y lo peor es que en la mayoría de los casos, no quieren responder con seriedad a una situación delicada que se pudiera presentar, y optan por despedir a la empleada cuando se les convierta en una piedrita en el zapato.

Es aquí donde estas empleadas, utilizadas, maltratadas y vejadas, son aconsejadas y recurren a la ley para obligar al responsable, a que venga a capitulo y renganche a su linda empleadita, se haga cargo de su barriguita y asuma su barranco con su esposa. Es razonable que la esposa enfurecida y con toda la razón del mundo, le pida el divorcio y la mitad de la acciones de la empresa.

Es una lástima que no se puedan nombrar personas en estos artículos, pero aquí en España, han ocurrido tantos casos de estos, y entre personas archí reconocidas por la alta sociedad, que podríamos escribir libros de famosos a quienes se le ha destruido su hogar por un momento de lujuria mal controlado y por querer pasar por sus ingles hasta el gato que entra a trabajar con ellos.

Los jefes deben tratar a sus empleados con distancia

Pues sí, los jefes deben tratar a sus empleados con distancia, pero con todo el respeto que se merecen, sin despotismos ni altanerías, ni mucho menos bravuconerías innecesarias, no es menester que estén gritando por todas las oficinas, que no se imagine que por mucho gritar se va a ganar el respeto de los empleados.

Todo lo contrario, cuando los jefes son gritones lo que consiguen más bien es perder el respeto y ser dignos de burlas a sus espaldas, les pondrán sobre nombres comparándoles con gruñones conocidos en la pantalla o algo por el estilo.

En cambio cuando los superiores, tratan a sus empleados con respeto, los llaman aparte para hacerles algún reclamo o alguna objeción en privado, los aconsejan con voz baja pero firme, los empleados se ven desarmados ante una persona educada y considerada con ellos por no ponerlos en ridículo ni en evidencia por alguna falta cometida, y con toda seguridad de que van a mejorar considerablemente su actitud. Si tratándolos de esta manera, que no se rebaje el jefe a volverse un ogro, ni amenace, salga del empleado malagradecido y busque otro y ya.